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Julien Irilii, las Grandes Jorasses y su XXLite

September 18, 2014

El francés Julien Irlli ha hecho algo sorprendente en Chamonix con su Ozone XXLite. Voló desde la Aiguille du Midi hasta cerca de la base de las Grandes Jorasses, escaló en solitario la cara norte por la técnica Colton-MacIntyre en 3 horas 35 minutos y luego despegó desde la cumbre y regresó volando a Chamonix, donde aterrizó antes de las cuatro de la tarde.

En sus propias palabras:

” nieve en la cumbre de las Grandes Jorasses, llorando de alegría e incredulidad al haber cumplido un sueño. Llevaba tiempo esperando que aclarara el tiempo y hubiera poco viento para poder tratar de hacer realidad este sueño. La brisa de 10 km/h que me acaricia el rostro me garantiza que mi paciencia se ha visto recompensada. Repaso lo ocurrido esta mañana:

Los 15 km/h de viento norte en el despegue de la Aiguille du Midi no me vienen bien para volar hacia la Mer de Glace. Con algo de dificultad, despliego mi vela, una Ozone XXLite, y despego para contornear la arista Midi-Plan y colarme por el último collado que me da acceso a la cara sur, para lo que tengo que levantar literalmente los pies.

Un largo planeo me lleva directo al glaciar de Leschaux, bajo el refugio. Son las 10 de la mañana y ahí está la vía, sublime. El hielo da paso a la nieve, una autopista me conduce a la primera rimaya. Me encuentro con el fotógrafo Pascal Tournaire que me confirma que la vía está despejada, que no llevaré cordadas por encima. Me siento aliviado, pues con gente ya en la vía yo no me hubiera metido, por el riesgo de caída de piedras y hielo. Lo tardío de mi comienzo, para una vía así, se verá compensado por la posibilidad de ir rápido que da el escalar en solitario. ¡Tengo el lujo de estar solo en la pared! Son las 11:30 cuando cruzo la última de las 3 rimayas, del tamaño de un edificio de 10 plantas. Luego, ya estoy en harina, comienza lo bueno. 400 metros de nevero para calentar, un corredor empinado, de nuevo un nevero, fotos, vídeo, un bocata y ya estoy al pie del paso clave de la vía. Máxima concentración a la salida del muro vertical, pues la nieve no está muy consistente y hay un tramo ligeramente desplomado que me obliga a repartir el peso con cuidado entre manos y pies. Es una danza de escalador de hielo, algo diferente de la danza «clásica», pero igual de sutil. Se acerca la arista cimera, ya veo los últimos corredores estrechos. La capita de hielo que cubre el diedro abierto hace que tenga que escalar sobre cáscaras de huevo. Dudo varias veces sobre el trazado a seguir, pero como llevo la foto y el croquis de Thivel Rémi (¡gracias Rémi!), puedo alcanzar las pendientes del espolón Walker con serenidad. Me siento cada vez más ligero, aliviado. No es hasta que dejo la cumbre y sobrevuelo la vía en la que minutos antes peleaba, hasta que no me doy cuenta de que a veces los sueños se hacen realidad. Después de atravesar unas cuantas nubes, Chamonix me abre sus brazos y regreso a tierra.”