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Olivier y Oriol alcanzan 7425m / 24,354 pies, en India.

November 1, 2013

Olivier Laugero acaba de regresar de tres semanas de expedición en el norte de India junto a su amigo Oriol Fernández.

Olivier nos cuenta:

“Nuestro objetivo era volar en el valle de Zanskar, al sur de Laddak. Un lugar hermoso, pero célebre por su valle ventoso y amedrentante, tan bello como inhóspito. Se trata de un desierto elevado a más de 3.500 metros sobre el nivel del mar, rodeado de cumbres de más de 6.000 metros. Nuestro plan era unirnos a Bob Drury, uno de los únicos pilotos del mundo con experiencia en este valle, pero motivos familiares le retenían en Chamonix.

En Bir, en el Himachal Pradesh, planificamos hacer un vuelo vivac conjunto para calentar, pero el tiempo cambia nuestros planes al no dejar que el techo superara los 2.000 metros. Así que nos vamos en taxi a Manali, confiando con que al otro lado del Rochtang Pass, el clima más seco de Laddak ofreciera mejores condiciones de vuelo.
En Keylong, a unos cuarenta kilómetros de Manali, el cielo está precioso. Son las 12:30 cuando despegamos junto a un monasterio. Oriol vuela su Delta 2 y yo voy con mi LM5. Ganar altura desde el despegue, a 3.600 metros es un poco difícil, pero pronto todo empieza a ir más deprisa y hacemos nuestro primer techo a más de 6.500 metros.

Nos dirigimos al Shingola Pass (5.000 metros), a cuarenta kilómetros de allí, saltando de pico a pico. En el collado, mi vario GPS muestra 7.425 metros (24.354 pies). Vamos volando sin oxígeno y aún no estámos aclimatados. Desde esta altitud podemos ver el mar de nubes sobre Manali. La diferencia de climas es sorprendente. Aquí, todo está seco, no hay vegetación. Nos preocupa un poco la brisa que nos espera al otro lado del collado. Oriol se dirige hacia el fondo del valle, fatigado por la exposición a la altitud. Yo estoy de acuerdo y feliz al descubrir que la brisa de valle no es demasiado fuerte. Desde aquí, nuestras opciones eran volar 50 km o caminar 100 km a una altitud media de 4.000 metros. Cansados y satisfechos por nuestro vuelo en órbita, caemos derrengados y dormimos 12 horas seguidas.

Al día siguiente subimos caminando al primer pueblo, donde pasaremos dos días conviviendo al ritmo de sus moradores. Los cúmulos han desaparecido y la masa de aire parece muy estable, sin brisas de valle. Caminamos a Char, a 50 kilómetros. En este paisaje lunar cuelgan de las laderas hermosos templos budistas. Decidimos volver a subir a 5.000 metros para despegar y volar a Padum, la entrada al valle de Zanskar. Nos sale un bonito triángulo de 60 km y todo es fantástico hasta que nos percatamos de que el viento ha aumentado hasta más de ¡60 km/h! Poco después, aterrizamos y metemos las velas en sus mochila, el viento sube hasta los 80 km/h y una pequeña tormenta de arena oscurece el suelo del valle.

Aquí la aerología parece impredecible. Esa noche, el tiempo empeora. Nieva en las montañas y en la India arrasa una tormenta tropical. Es hora de regresar a la civilización si no queremos quedarnos atrapados aquí todo el invierno, pues una vez se han bloqueado las carreteras por la nieve, no se mueve nada hasta la primavera. Nuestra semana adentrados en montaña será inolvidable, por la belleza de los paisajes, la hospitalidad de los Zanskarís y esos techos tan alucinantes (por lo que sabemos, hemos alcanzado la mayor altitud jamás volada en India).

¡Gracias al equipo Ozone por las velas!”