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HERNAN Y MARCOS ESTABLECEN UN NUEVO RÉCORD ARGENTINO DE TRIÁNGULO FAI

diciembre 14, 2021

El sábado 4 de diciembre, el piloto del equipo Ozone Hernán Pitocco y nuestro amigo Marcos Rosenkjer establecieron un nuevo Récord Argentino, volando un triángulo FAI de 217,9 Km en la Patagonia.

Hernán nos lo cuenta: 

El martes 30 de noviembre recibí un audio de Manu Canale informando que se avecinaban dos buenos días de vuelo en la zona de Bariloche-Bolsón: el 4 y 5 de diciembre

Ya le había pedido a Manu que me mantuviera informado en cuanto detectara una buena ventana de condiciones para volar en la complicada meteorología de esa zona. Los días de vuelo no abundan en la Patagonia, pero cuando ocurren, es uno de los lugares más increíbles en los que haya volado. Difundí de inmediato la buena noticia en uno de los grupos de WhatsApp que comparto con amigos interesados en hacer triángulos o vuelo vivac en esa zona en particular. 

No había tiempo que perder porque la Patagonia queda bastante lejos de donde vivo, La Cumbre. Concretamente, 1700 kilómetros al sur. Mientras tanto, el único piloto del grupo capaz de desprenderse de sus obligaciones y estar listo como un soldado para la aventura en tan poco tiempo fue Justo Firpo. El mismo día que confirmó, compramos los billetes de avión de Buenos Aires a Bariloche en el único vuelo disponible. Todavía tenía que averiguar cómo hacer los 800 kilómetros que separan mi casa en Córdoba del aeropuerto de Buenos Aires. Como no había asientos en el único vuelo Córdoba-Buenos Aires, no tuve más remedio que subirme a un autobús. Viajé toda la noche y llegué al día siguiente por la mañana. Al final, mientras embarcaba, me pregunté si toda esa molestia valdría la pena.  

Llegamos a Bariloche el viernes 3 de diciembre por la tarde. Fuimos recibidos con entusiasmo por Leonel, quien además nos alojó en uno de sus apartamentos. Para nuestra sorpresa, también sacó un enorme mapa de la zona impreso en vinilo. Inmediatamente, lo extendimos sobre el suelo y pusimos en marcha una tormenta de ideas sobre nuestro vuelo.

Luego llegaron Hernán Dilonenzo y un poco más tarde Ernesto Gutiérrez, dos viejos lobos del aire de Bariloche con amplia experiencia en la zona, y nos terminaron de freír el cerebro con toda la información que nos dieron del sitio. Nos habíamos saltado el almuerzo, se hacía tarde y estábamos bastante agotados por el largo viaje, así que fuimos a comer algo al primer lugar que encontramos a un par de cuadras de donde nos alojábamos. Cuando regresamos, dejamos todo nuestro equipo listo para el día siguiente y nos fuimos a dormir.

Ese sábado, el despertador sonó fuerte y claro a las 6 de la mañana… Marcos Rosenkjer vino a buscarnos en su coche y nos llevó a la base del Cerro Catedral. Los tres subimos con la mochila a cuestas durante una media hora, hasta más o menos la mitad de la altura de la montaña. La idea era despegar en cuanto las condiciones lo permitieran, pero estaba flojo, demasiado flojo, no había ningún signo de actividad, ni siquiera una ligera brisa. Era como si el aire hubiera desaparecido por completo. Observamos a un grupo de pilotos jóvenes que empezaban a despegar debajo de donde estábamos, pero no subían nada.

Alrededor de las 11 de la mañana, el día pareció ponerse en marcha. En cuanto estuvimos listos, despegamos. Eran las 11:30 y las condiciones eran buenas, pero el techo seguía siendo bajo y la térmica bastante suave. La aprovechamos bien y empezamos a ascender poco a poco hasta que nos subimos a los picos más altos de atrás, ascendiendo con la topografía.

Hicimos una pasada sobre las asombrosas agujas que dan nombre al Cerro Catedral. Luego, pasamos a la siguiente montaña. ¡La aventura había comenzado! Allí estábamos Justo, Marcos y yo, volando juntos como un equipo. Los 3 fuimos bastante prudentes al principio, pero pronto empezamos a soltarnos, al ir comprendiendo cómo funcionaban las térmicas. Más o menos, todo parecía salir bien. Es decir, donde buscábamos, encontrábamos, aunque nada era muy potente y siempre nos quedábamos a una altitud de entre 2300 y 2700 metros. 

Empezamos a avanzar saltando de una montaña a otra. Los valles son muy estrechos y muchos de los cuales no tienen ningún acceso. Teníamos que tener cuidado de no vernos demasiado bajos en ninguno, pues escapar de ellos puede ser difícil.

Tras tres horas y cuarenta y cinco minutos, habiendo pasado por una zona de vuelo de increíble belleza y también bastante salvaje, llegamos a nuestro primer punto de giro. Era el punto más meridional de nuestra ruta. Estábamos sobre el lago Puelo, en la línea fronteriza internacional divisoria de aguas. De hecho, en esos kilómetros finales antes de dirigirnos al noreste, incluso cruzamos la frontera con Chile por un par de metros. Ese fue un punto crítico en nuestro vuelo. Estábamos demasiado bajos y nos vimos obligados a arrastrarnos por el Valle de Bolsón que es muy amplio en esa parte. Fue entonces cuando perdimos el contacto con Justo, que estaba un poco bajo sobre una colina tratando de remontar.

Mientras tanto, Marcos y yo conseguimos llegar a la punta sur del monte Piltriquitrón, donde trincamos unos buenos pelotazos, pero no nos subieron lo suficiente. Esa sección rocosa del Piltriquitrón fue también la parte más turbulenta del vuelo. Podía ver zarandearse la vela de Marcos moviéndose y sentir cómo lo hacía la mía. ¡Ahí es cuando te alegras de estar a bordo de una vela tan segura como la Ozone Zeolite!   

De las montañas pasamos a la estepa, pero antes tuvimos que cruzar una zona de picos casi desconocidos. Que yo sepa, Marki Green es la persona que más se aventuró en esa zona. Sin embargo, nuestra ruta iba mucho más al este que la suya.  

La topografía había cambiado. El suelo era cada vez más árido, con todos los matices de colores ocres. De nuevo pensé que estar bajo y tener que aterrizar en cualquier parte de esa sección sería complicado. Ese pensamiento me venía a la cabeza una y otra vez. La mejor opción, en el peor de los casos, sería pasar la noche en alguna cima y despegar al día siguiente. Estaba dándole vueltas a eso cuando de repente, precisamente cuando pensábamos que Justo ya había aterrizado en el Bolsón, escuchamos su voz por la radio VHF informando que estaba bajo en una zona complicada y que iba a aterrizar. Inmediatamente, nos aseguramos de exprimir cada gota de térmica que teníamos para asegurar nuestra altura. Se hacía tarde. El único indicio que podía llevarnos a cerrar nuestro triángulo era una única línea de nubes formada por una convergencia que estaba aún más al este que nosotros. Rebañamos cada ascendencia hasta que por fin la alcanzamos. Allí era donde Windy había pronosticado un techo de 4300 m y así fue. ¡Por fin habíamos llegado a ese supertecho!

La temperatura había bajado considerablemente. Se notaba en las manos, la nariz y la frente. Pero ¡qué más daba! Nos limitamos a pisar el acelerador y a deslizarnos por esa recta de 35 km de pura felicidad que nos habíamos ganado en esa autopista. Una autopista con paisajes impresionantes a la luz dorada de la tarde. Cuando salimos de esa calle y miramos hacia atrás, vimos que las nubes empezaban a disolverse. ¡Habíamos cruzado justo a tiempo!

Un último planeo desde 4000 metros, donde apenas podíamos rascar las últimas burbujas del día y se acabó. Aterrizamos en un bonito campo con caballos, a pocos kilómetros al sur del lago Nahuel Huapi. Antes de que pudiéramos salir de la silla ya nos esperaba una camioneta desconocida que inmediatamente nos llevó de vuelta al pueblo.

Para sorpresa de Marcos, ¡habíamos hecho récord en triángulo FAI en Argentina!

La historia de Justo merece un capítulo completo aparte. Pasó la noche en su saco de dormir en la cima de una colina, junto a un lago, bajo un cielo estrellado. Admitió haber oído sonidos feroces esa noche, y dice que en tres ocasiones giró la cabeza esperando que no fuera un puma.

Consiguió despegar al día siguiente y volar hasta una estancia que resultó ser propiedad de un príncipe de Qatar. Así que los empleados estaban listos para informarle que no podía estar allí y amablemente le ayudaron a encontrar a alguien que le llevara de vuelta a Bariloche, en concreto un suizo que ha estado viviendo en Argentina durante años comprando ovejas de toda la Patagonia.  

Nuestro amigo finalmente llegó a Bariloche al día siguiente, alrededor de las 22:30 horas, con un interesante y fuerte olor a oveja. Nos reunimos en un bar para celebrarlo. Compartimos nuestras experiencias, comimos y como corresponde, nos animamos con una merecida cerveza patagónica de barril”

Para ver el track de Marco haz click AQUÍ 

 ¡Enhorabuena y saludos de todo el equipo OZONE!